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JUAN YÁÑEZ les da la más cordial bienvenida. Es éste otro testimonio de una pasión urbana...esencialmente lo porteño, lo argentino, lo latinoamericano y también el universo todo...

domingo, 10 de agosto de 2014

Los restos de San Martín


Historias inesperadas

Relatos, hallazgos y evocaciones de nuestro pasado





Publicado el 08.08.14   LA NACIÓN  BUENOS AIRES

                                          Pocas semanas después de la muerte de José de San Martín en la casa de Boulogne sur Mer que vemos en la imagen (agosto de 1850), las autoridades de la Confederación Argentina dieron instrucciones para que se llevara a cabo la repatriación de sus restos. Esa fue la voluntad póstuma del militar que en su testamento había expresado que quería que su corazón descansara en el de Buenos Aires. Sin embargo, todo fue demorándose. Durante once años, el cuerpo embalsamado del Libertador de América descansó en una de las capillas de Notre-Dame de Boulogne (Nuestra Señora de Boloña).
El primer traslado fue a Brunoy, en las afueras de París. Tuvo lugar en 1861, luego de que la familia Balcarce San Martín se mudara a dicha ciudad y resolviera llevar el cuerpo para que fuera ubicado en la bóveda de la familia, junto a su nieta María Mercedes que había muerto en 1860.

En la Argentina, el tema se reavivó en 1864 –durante la presidencia de Mitre– cuando los diputados nacionales Martín Ruiz Moreno y Adolfo Alsina presentaron un proyecto de Ley para autorizar al Poder Ejecutivo a llevar adelante la repatriación.

Manuel Guerrico gestionó la cesión de un terreno en el cementerio de la Recoleta en 1870, pero seis años después la comisión encargada del traslado se entrevistó con el arzobispo Federico Aneiros con el fin de solicitar un espacio en alguna de las capillas de la Catedral para que se colocara allí un mausoleo. Detrás de toda la empresa se encontraba el presidente de la Nación, Nicolás Avellaneda.

Mausoleo del Gral. San Martín en la Catedral de Buenos Aires

¿Se estaba cumpliendo la voluntad del Libertador al llevarlo a la Catedral? Cuando San Martín dijo: “Desearía que mi corazón fuese depositado en el de Buenos Aires”, ¿se refería a que deseaba ser llevado al cementerio, a la Catedral? Aquí cada uno puede tener su propia interpretación. Considero que si nuestro prócer hubiera querido referirse al cementerio de la Recoleta, habría mencionado la tumba de su “esposa y amiga”, Remedios de Escalada. Además, el corazón de Buenos Aires bien puede referirse al centro de la ciudad.
En estos días, un proyecto de traslado de los restos a Yapeyú, a cargo del diputado Adán Gaya, sostiene que, al mencionar Buenos Aires, se refería a la Patria y “sin lugar a dudas”, a Yapeyú. Regresemos a la historia:
El 25 de febrero de 1878, centenario del nacimiento del prócer, se realizó un tedeum en la Catedral que concluyó con la colocación de la piedra fundamental del mausoleo. Avellaneda, Mitre, Quintana y Aneiros, entre otros, participaron en el acto simbólico colocando mezcla en la obra con una cuchara de plata.
El escultor francés Auguste Carrier Belleuse fue el encargado de moldear el mausoleo que envió en partes desde Europa. En Inglaterra había concluido la construcción del buque de guerra Villarino, que había sido encargado por el gobierno argentino. Fue enviado al puerto de El Havre, donde cargaría el féretro. Este fue su derrotero:
-El 21 de abril de 1880, el ataúd fue transportado de Brunoy a París (35 kilómetros), donde se lo cargó en un tren especial rumbo a El Havre. Una vez en la ciudad portuaria, se lo depositó en su Catedral. Luego del acto religioso que incluyo la bendición del féretro, se lo embarcó en el Villarino. El buque soltó amarras el 22 de abril.
-Arribó a Montevideo el 20 de mayo, donde fue recibido con una salva de 21 cañonazos. La recepción fue imponente. Siete barcos argentinos acudieron a recibir al Villarino. Una carroza tirada por seis elegantes caballos llevó el féretro (cubierto por las banderas de Uruguay, Chile, Perú y la Argentina) a la Catedral. Una multitud acompañó los restos, lanzando flores desde la acera y los balcones. La bienvenida de los hermanos uruguayos –asistieron el presidente Francisco Antonio Vidal Silva y todos sus ministros– ha sido considerada uno de los actos más emocionantes que se hayan hecho al Libertador. Cuando partió por la tarde, la banda militar uruguaya ejecutó el Himno Nacional Argentino. Por su parte, desde el barco, la banda argentina interpretó la canción patria de Uruguay.
-Durante una semana, el Villarino se mantuvo en la costa de Catalinas (en esa época, la playa llegaba hasta lo que es hoy la plaza Fuera Aérea, vecina de la estación Retiro), escoltado por decenas de buques de la Armada.
El 28 de mayo tuvo lugar la ceremonia principal. Los integrantes de la Comisión de Repatriación colocaron la bandera del Ejército de los Andes sobre el ataúd, más dos coronas: una con palmas de Yapeyú (ciudad natal del prócer) y otra con gajos de pino de San Lorenzo (bautismo de fuego de los Granaderos a Caballo). El cajón fue depositado en un bote fúnebre que fue remolcado por el Talita, la lancha presidencial.
Se lo desembarcó en las costas de Retiro (durante años se llamó a ese sector vecino a la Plaza San Martín, Playa San Martín). Fue colocado junto al palco oficial, donde el ex presidente Sarmiento dio un discurso de recepción.
Cargado de flores que le lanzaban los argentinos a su Padre de la Patria, el féretro fue escoltado hasta el monumento del Libertador, en la plaza. 

Un emocionante discurso del presidente Avellaneda complementó las palabras de Sarmiento. El cajón fue colocado en una carroza fúnebre (réplica de la que transportó el cuerpo de Wellington a la Catedral de Londres en 1852). El cortejo marchó por la calle Florida hasta la Plaza de Mayo.

El ataúd fue depositado en la nave central de la Catedral Metropolitana. Durante veinticuatro horas desfiló el pueblo para rendirle tributo. Al día siguiente, a las dos de la tarde, se lo ubicó en el mausoleo. Suele decirse que los restos de San Martín yacen fuera del perímetro de la Catedral, en una capilla construida afuera de la nave central, porque era masón; dando a entender que la Iglesia no aceptaba que descansara bajo su custodia. 

Raro comentario, si se tiene en cuenta que los despojos del Libertador estuvieron en Notre-Dame de Boulogne, la iglesia parroquial de Brunoy y las catedrales de El Havre, Montevideo y Buenos Aires. Sí, en cambio, resulta curioso la forma en que ha quedado dispuesto el ataúd.


Plano del mausoleo (nótese con el signo X, la posición inclinada de la caja mortuoria

El tamaño del cajón no era el adecuado. Mejor dicho, el del mausoleo. Por ese motivo, el féretro que contiene el cuerpo embalsamado del prócer fue colocado en forma inclinada (la cruz en la lámina publicada por el Instituto Nacional Sanmartiniano marca el lugar exacto). Así permanece desde el 29 de mayo de 1880.

sábado, 31 de mayo de 2014

En busca de mi padre, por Edgardo Cozarinsky

 Revista Ñ
Testimonio. En este relato intimista, especial para Ñ, el escritor y cineasta desafía la nostalgia en su primer viaje a la colonia judía de Entre Ríos donde nació su padre, escenario y materia de su último documental.


MEMORIA. El cineasta en el cementerio de la colonia San Vicente, donde está enterrado su abuelo COZARINSKY PADRE. En España, durante uno de sus viajes. Fue el primer judío en ingresar a la Armada, en 1919.


MEMORIA. El cineasta en el cementerio de la colonia San Vicente, donde está enterrado su abuelo

                               Una noche, hará un par de años, soñé que estaba en Entre Ríos. Mi padre nació en Entre Ríos. Yo nunca había estado allí.

Nací en Buenos Aires, viví muchos años en París, demasiados tal vez, viajé bastante por el mundo, pero nunca había estado en Entre Ríos.

No sé si, como algunos creen, los sueños son premonitorios pero a la mañana siguiente me desperté con un proyecto de filme: ir a Entre Ríos a buscar huellas de la infancia de mi padre. Digo bien: de su infancia. A los dieciocho años se fue del campo y se hizo marino. Nunca volvió.

¿Qué sabía yo de esa infancia? Poco o nada. Mi padre era hijo de lo que Gerchunoff bautizó “gauchos judíos”. Once hermanos, más uno del que iba a enterarme que también era hijo de mi abuelo, nacido fuera del matrimonio pero criado con toda la familia. Ese hijo se había quedado en el campo; los demás, con una sola excepción, se habían dispersado entre Buenos Aires y Mendoza, profesionales, empresarios, casadas las mujeres con hombres de ciudad.

Mi padre murió cuando yo tenía veinte años y padecía una adolescencia demorada. Hablaba poco él, aun menos con mi madre, vivía refugiado en la lectura y el cine, en un mundo imaginario que me prometía cosas distintas de la vida cotidiana, irremediablemente gris, de una familia porteña de clase media.

Las preguntas que entonces no me interesaba hacerle son las únicas que hoy me interesan. La primera: ¿cómo fue que ese hijo de gauchos judíos, nacido en Villa Clara, Villaguay, Entre Ríos, decidiera aventurarse a ingresar en las fuerzas armadas, en la Marina de guerra?

Una cosa me resulta evidente: fue posible porque ocurrió en 1919. A partir de 1930, del golpe de Uriburu, no creo que lo hubiesen aceptado.

¿Sabía mi padre, al ingresar, que no iba a poder ascender más allá de capitán de navío? Regla no escrita, gentlemen’s agreement , un judío no podía llegar a ningún nivel del almirantazgo. Sobre todo: ¿le importaba?

Corolario: ¿qué significaba para él ser judío? No era religioso ni le importaba la tradición. Como a mi madre. A mí me criaron lejos de toda observancia. Creo que las únicas raíces que mi padre hubiese reconocido, aunque nunca hablara de ellas, estaban en Entre Ríos; entre sus libros encontré un ejemplar muy gastado de Entre Ríos, mi país de Gerchunoff. Cuando sintió que el fin se acercaba me pidió: “Por favor, ni estrella ni cruz, no vayan a creer que me convertí y eso no es elegante”. ¿De dónde le venía esa noción de elegancia moral?

Cuántas cosas para las que no tengo respuesta.

Si mi padre murió relativamente joven, mi madre en cambio sobrevivió demasiado, lúcida hasta los noventa y cinco años de edad, gradualmente senil durante tres interminables años más. Cuando finalmente murió, descubrí en un armario de su departamento cajas llenas de viejas cartas y fotografías, muchas de ellas de mi padre. Nunca las había visto.

Entre las cartas me impresionaron sobre todo las que mi abuelo y los hermanos le enviaron a mi padre cuando hizo su primer viaje. El destino eran los Estados Unidos (“Norteamérica” decían entonces), algo casi exótico en tiempos anteriores no ya al turismo masivo sino a la mera televisión. En 1919, en un pueblo de Entre Ríos donde no había cine, tal vez solo llegaran las imágenes de alguna revista ilustrada, o el suplemento dominical (“rotograbado”) de los diarios de la capital.

Las cartas de los hermanos son previsibles, en la efusión cariñosa, aun en el humor ocasional (una de mis tías escribe: “No te encamotes con ninguna gringa, volvé y casate con una criolla”), pero la que más me impresionó fue la de mi abuelo. Le escribe al hijo que parte lejos del hogar, del campo, de lo que hasta ese momento era su mundo, con orgullo paterno y una pizca de envidia, en un castellano impecable, formal, con algún modesto arranque retórico. Una carta cándida, sin faltas de ortografía. Había llegado a la Argentina veinticinco años antes, sin duda había aprendido el castellano en la escuela nocturna de Gobernador Domínguez, con los maestros sefardíes que el proyecto colonizador del barón Hirsch había tenido la prudencia de importar.

¿Qué sabía yo de ese proyecto? Había leído, a grandes rasgos, que Moritz von Hirsch, ennoblecido con el título de barón como tantos otros banqueros judíos (los Rothschild, los Weissweiller, los Anspach, los Cahen d’Anvers, los Wertheimer) que habían prestado servicio a las monarquías europeas del siglo XIX, al perder a su hijo único había dedicado su fortuna al proyecto de la Jewish Colonization Association. Compró más de 80.000 hectáreas entre Santa Fe y Entre Ríos en momentos en que la Argentina de 1880 se abría a la inmigración. Los judíos del imperio ruso, contrariamente a los de Alemania y Francia de la época, padecían todo tipo de restricciones y apremios: si en Berlín y en París podían ingresar a las universidades, bajo los zares regía el numerus clausus para los estudios superiores y tenían permiso de domicilio, bajo la amenaza permanente de un pogromo, en una estrecha franja territorial entre el Báltico y el Mar Negro.

Iba a enterarme de que la colonia entrerriana debía el nombre de Clara a la mujer de Hirsch. También que la primera cooperativa agrícola del país, asentada en Basavilbaso y aun activa hoy, se llamó Lucienville por el nombre del hijo perdido.

Finalmente viajé a Entre Ríos. Creo que el proyecto de film me sirvió de coartada ante mí mismo. Detesto toda forma de nostalgia y no quería entregarme a un dudoso viaje sentimental. Necesitaba una razón concreta, objetiva, para conocer los paisajes donde mi padre había nacido y se había criado.

En las calles de Villa Domínguez hay una escuela que lleva el nombre de Gerchunoff. En frente: un galpón, convertido en museo, vasto hangar que fue en su momento “hotel de inmigrantes”, donde convivieron familias que no se conocían a la espera de que les asignaran las tierras donde construirían el primer rancho que más tarde sería casa. También un edificio pintado de color rosado: la biblioteca fundada por los primeros inmigrantes, donde por la noche se impartían las clases de castellano; allí dio una conferencia en idish Isaac Bashevis Singer, cuando visitó las colonias en 1975, tres años antes de ser Premio Nobel de Literatura.

La vieja farmacia del doctor Yarcho, que luchó contra la epidemia de tifus que hizo ciento diez víctimas en 1894, alberga hoy el Museo de las Colonias. Es la obra de Osvaldo Quiroga, que ha reunido todo tipo de documentos, desde registros de la inmigración y actas notariales hasta objetos de la vida cotidiana desechados por familias que abandonaron la región. Con la ayuda de su hija, digitaliza la información reunida y está en correspondencia permanente con institutos y universidades del mundo entero.

Allí me interno en un laberinto que siento ajeno: no corresponde a mi infancia ni a recuerdo heredado alguno. Y sin embargo, tengo que repetirme, fue de allí que salió mi padre, quién sabe si con alivio o entusiasmado con la promesa de ver mundo, algo de ese mundo que le habían prometido las pocas novelas que encontré entre sus libros.

Allí también me espera lo desconocido: mi lejano origen. Gracias a Quiroga descubro un pasado que ignoraba. Mis abuelos se embarcaron en la nave Sirius, que partió de Odessa el 10 de agosto de 1894 y llegó a Buenos Aires el 12 de septiembre. Su proveniencia aparece como Gobernación Mohilne, en la región de Minsk. El tenía 23 años, ella 24. Vinieron con dos hijos, una niña de dos años y un varón de uno.

Reprimo ante mis compañeros de trabajo una emoción de la que no me sospechaba capaz. Les hablo de esa S que todos mis primos conservan en el apellido menos yo: guardo la Z escrita por error en la partida de nacimiento de mi padre y que él nunca se molestó en corregir. ¿Pereza de hacer los trámites exigidos? Me pregunto si en esa omisión no latía, ya, una veleidad de independencia, de diferencia.

En el mismo documento aparecen los nombres de otras personas del mismo apellido llegadas en el mismo barco, parientes sin duda, de los que nunca me hablaron. ¿Qué fue de ellos? Me gustaría que hayan sido los antepasados de Juan Carlos Cosarinsky, a quien sólo conozco por su fama: “el Flaco” Cosarinsky de la provincia de Corrientes, creador del primer festival mundial del chamamé.

El éxodo de los hijos... Mis tías recordaban la plaga de langostas. Súbitamente ennegrecían el cielo, devoraban la cosecha, pelaban los árboles. El trabajo de un año estaba perdido. Trataban de espantarlas golpeando ollas, palanganas, todo objeto metálico que pudiese hacer ruido. Sin éxito.

Hoy, me dice un vecino con quien intercambio unas palabras, “va a encontrar más gente en los cementerios que en las calles”. Y es cierto que las lápidas, sobre todo aquellas donde el tiempo ha borroneado nombres y fechas, me conmueven. En ellas leo las esperanzas de los inmigrantes fundadores, su desilusión, la tenacidad de los que permanecen fieles a las tierras que una vez les dieron. Trato de imaginar el inimaginable orgullo de esos judíos del confín este de Europa al saberse propietarios de lo que más prohibido les estaba: la tierra.

En Villa Clara hay otro museo, pequeño, humilde, obra de amor de Marta Muchinik, hija de gente que ya se interesaba en preservar el pasado de las colonias. Lo ha instalado en varios espacios de la estación de tren que, supongo, ya ningún tren visita. Me digo que algunos de los objetos que guarda pueden haber estado en casa de mis abuelos… Marta me lleva hasta la casa que construyeron, donde crecieron mi padre y sus hermanos. Está remozada por su nuevo propietario, rodeada de un jardín muy cuidado, pero reconozco la forma, el alero, de las viejas fotos de familia que encontré poco antes. En el campo que la rodea ya no hay ni el trigo ni el lino que cultivaban mis abuelos, hoy sólo se confía en la soja. Más lejos, el arroyo Sandoval. Cuentan mis primas mendocinas que todas las mañanas lo atravesaban en canoa algunos indios que tenían vacas para llevarle leche a los hijos de los recién llegados.

(Mis primas mendocinas… Hijas del hermano menor de mi padre, casado con una goi … Más jóvenes que yo, nacieron, se casaron, tuvieron hijos y nietos en Mendoza. Hoy sin embargo reivindican el apellido Cosarinsky, con la S que mi padre desechó. Visitan Chile más a menudo que Buenos Aires. Hablan con esa encantadora tonada que va a reconocer inmediatamente el montajista de mi filme, mendocino él mismo.) Más lejos aún, Marta me conduce hasta el cementerio de colonia San Vicente, donde está la tumba de mi abuelo. La lápida vertical tiene, de un lado, la inscripción con nombre y fechas en caracteres hebraicos; del otro en caracteres latinos. Coloco sobre la tumba las piedritas que la religión impone. Las cuento, once más una. Esa noche, en el hotel de Villaguay, desvelado por un concurso de pasteles en la plaza vecina, que animan grupos de aficionados al chamamé, me pregunto si ese gesto que hice para la cámara no corresponde a una secreta, postergada devoción.

Siempre me inspiró rechazo la religión judía, la crueldad del antiguo testamento, sus cientos de preceptos que rigen cada acto de la vida cotidiana; si en algo me reconocí judío es en una idea de diáspora no como maldición sino como privilegio, en no pertenecer a otra comunidad que a la de la gente del libro, de cualquier libro, siempre que no sea sagrado.

Pero los muertos, más allá de toda religión, siempre me han acompañado, más asiduos a medida que envejezco. Acaso mi gesto, en ese lugar, en ese momento, haya sido el único a mi alcance para señalarle a mi abuelo mi presencia.

A menudo me pregunto qué es lo que nos lleva a conservar cosas que sabemos destinadas a desaparecer: fotos descoloridas, descartes de películas, el ticket de embarque de un vuelo olvidado, cartas que no nos enviaron a nosotros.

¿Será que al hacerlo intentamos, ciegamente, sin entenderlo, hacer durar el tiempo perdido, prolongar los días que nos quedan?

Tal vez sea ese mismo impulso que siento, el deseo de impedir que se borre algo que una vez existió, lo que llevó a Osvaldo Quiroga a crear en Domínguez el Museo de las Colonias, a Marta Muchinik el de la estación de Clara… Cito palabras de Georges Perec: “Trato meticulosamente de retener algo, de hacer que algo sobreviva. Quisiera arrebatarle unos pocos fragmentos al vacío que crece, dejar en alguna parte un surco, una huella, una marca, aunque sólo sea unos pocos signos”.

Llego al final del viaje con mis preguntas intactas. Sin respuestas.

Acaso el detective sólo termine por descubrir algo sobre sí mismo… ¿Qué descubro? Que aunque con el paso de los años haya empezado a lamentar que mi padre hubiese muerto cuando yo no había querido hablar con él de tantas cosas, hoy me siento aliviado, no sé si decir contento, de que hubiese muerto antes de los años 70. Pienso: …y si su lealtad con la Armada, su respeto por el orden, lo hubiesen llevado a aceptar lo inaceptable, a ponerse de parte de los verdugos… Tuve miedo.

Miedo por mí. Temía que pudiese ensuciar mi recuerdo de él.

FICHA
Carta a un padre
Guión y dirección: Edgardo Cozarinsky
Lugar: Malba Cine. Av. Figueroa Alcorta 3415 Buenos Aires
Fecha: Sábados de mayo y junio.
Hora: 18

domingo, 18 de mayo de 2014

Laberinto borgeano, el álbum real de Máxima y folk gallego




Noticia: Máxima de Holanda
Borges en su laberinto              REVISTA Ñ  CLARÍN

Homenaje. Vista del laberinto diseñado para celebrar la vida y obra de Borges en la finca Los Alamos. San Rafael, Mendoza, República Argentina.

                                     Pasaron ya diez años desde que se plantaron los 8.000 arbustos buxus en la finca Los Alamos, que fue de la poeta Susana Bombal. Las verdes paredes del laberinto en honor a Jorge Luis Borges, diseñado por el británico Randoll Coate, ya tienen más de un metro y medio. Pero pasaron veinticinco entre que Bombal y Coate lo imaginaron y el sobrino nieto de la poeta con un grupo de amigos decidieron, entre copas, llevarlo adelante. Esa aventura es la que narra el documental Jardín de sueños. Fascinación, obra y escape del laberinto de Borges, de Alejo Yael y Javier Tanoira, que se proyecta mañana, el domingo 25 y el 1 de junio a las 18 en Malba (Figueroa Alcorta 3415).

El diseñador de laberintos Randoll Coate conoció a Borges a través de Bombal, y recuerda ese primer encuentro con el autor como uno de los momentos más importantes de su vida. Pasados los años, Bombal y él acordarían, incluso antes de la muerte de Borges, crear un laberinto para recordarlo y homenajearlo no con estatuas de piedra y bronce sino con una obra siempre viva que concentrara algunos de los principales símbolos borgeanos. Así que el británico trabajó en un diseño en el que pueden leerse los nombres y el apellido del escritor en espejo, las iniciales de su viuda, María Kodama, pero también verse un reloj de arena, un anillo de Moebius, la cara de un tigre y un libro abierto.

El laberinto durmió entre papeles por años hasta que tras la muerte de Bombal su sobrino nieto Camilo Aldao, que había crecido viendo a la poeta y al autor del Aleph en largas charlas de té, y que sabía de las visitas de este a la finca Los Alamos –propiedad de la familia en San Rafael, Mendoza–, empezó a darle vueltas al asunto. Y ahí es que el documental se pone en marcha, cuando un grupo de jóvenes trasnochados deciden llevar adelante el postergado proyecto.

Una gesta apasionada y lúdica que piloteó Camilo hasta su muerte, tras la cual su familia y amigos continuaron dando forma y haciendo crecer los arbustos que dan cuerpo al diseño de Coate en casi dos hectáreas de la finca.

En Jardín de sueños los protagonistas desandan el recorrido del laberinto de punta a punta y atan pasado y presente en un tiempo circular.

Música
Pop con sonido ancestral

Por primera vez en la Argentina, el músico gallego Roi Casal, que por años integró el premiadísimo grupo folk Milladoiro, presenta hoy a las 21 en el Teatro Avenida (Av. de Mayo 1220) su tercer trabajo solista Donos do noso destino en el que conjuga sus instrumentos ancestrales con teclados, batería, guitarra, bajo y violín en composiciones propias con una fuerte apuesta al pop.

Pura esencia de Galicia es el nombre de la gira con la que Casal hace pie en la Argentina y que luego lo llevará a Montevideo, La Habana, Nueva York y Miami. “Cantar en gallego es la expresión de una cultura riquísima que de ningún modo puede ser una limitación”, afirma el compositor que ha reposicionado a la música de Galicia en el mundo y que hace parte de la nueva canción celta.

Intérprete de arpa, zanfona y bouzouki, sin abandonar la instrumentación tradicional, formó su propio conjunto y comenzó a componer canciones populares en las que, además, reivindica sus orígenes. “Durante mil años, a través del camino de Compostela, hemos recibido en Galicia la influencia de muchos pueblos y culturas que fueron dejando su huella en nuestra música. De hecho, instrumentos que toco llegaron por esa vía y se hicieron nuestros. Por eso ahora, cuando salgo para actuar lejos de casa, siento que nos toca recorrer el camino inverso, para mostrar cómo transformamos todo ese legado recibido, mil años después”, contó Casal.

Muestra
Máxima coronación

“Curiosamente, nada más democrático en Holanda que celebrar a la realeza”, dice Flavia Tomaello, que estuvo acreditada como fotógrafa en la ceremonia en la que se coronó a Guillermo Alejandro y a la argentina Máxima Zorreguieta, rey y reina consorte de los Países Bajos, el 30 de abril de 2013. Con el material que capturó en esa oportunidad Tomaello inaugura hoy en el multiespacio Deriva (Dardo Rocha 2290, San Isidro) la muestra Orange in maximum focus . La periodista y fotógrafa afirma que lo que más la sorprendió de la entronización fue “la paradoja de estar en una sociedad que toma la libertad como bandera, el respeto por el otro y la coexistencia pacífica, conviviendo con el agasajo a la corona. Para cualquiera ambos mundos están contrapuestos, sin embargo, en Holanda se conjugan con una naturalidad sorprendente”, cuenta.

En honor a su monarquía los holandeses vistieron de naranjas calles, plazas y escaparates. Las mujeres se pintaron las uñas de anaranjado, se comieron tortas en forma de corona y hasta se bailó tango.

Así es que más que la celebración oficial, lo que las imágenes de esta muestra narran, no de manera individual sino como conjunto, es la apropiación de la fiesta por parte del pueblo holandés. “Apenas diez días antes de la ceremonia en Holanda se respiraba un clima anodino. Nada se veía demasiado festivo. Pero en una noche, como si hubiera llegado Papá Noel en una misión estrambótica, todo se reconvirtió. Surgieron como hongos de humedad real objetos de merchandising”, recuerda la fotógrafa. Para ella, la comunidad holandesa, “ha evolucionado tanto y de tal modo, que se permite celebrar a su monarquía y tomar ese festejo como propio, creando desde cada casa, desde cada negocio, en cada restaurante, aún en cada persona, una especie de competencia en el modo más cool e ingenioso de decorar, celebrar o vestirse”.

sábado, 5 de abril de 2014

Relatos insólitos de las Malvinas



Historia. A casi 32 años del desembarco en las islas, un experto define 1966 como un momento clave en las relaciones con Inglaterra, nunca capitalizado para la reivindicación de los derechos argentinos.

POR FEDERICO LORENZ*

 Clarin


1966. Aparece como un "año 0" para la causa Malvinas.

En 1966 apareció una de las obras argentinas más completas sobre las Islas. La Historia completa de las Malvinas, de José Luis Muñoz Azpiri (un diplomático de carrera, a cargo durante años del archivo histórico de la Cancillería argentina), fue presentada por Editorial Oriente como un esfuerzo por “servir al perfeccionamiento y a la recuperación nacionales”. La editorial, especializada en “temas nacionales”, ofrecía una obra sobre un tema “inscripto en el corazón argentino”. No obstante, el “Prólogo” de la obra destacaba que una encuesta realizada por la editorial arrojaba un dato preocupante: pese a ser una causa nacional, el tema Malvinas “es escasamente conocido”. La Historia completa de Azpiri, pues, achicaría la brecha entre la unidad nacional que propiciaban las Malvinas y el desconocimiento acerca de ellas, en un contexto diplomático muy favorable para el reclamo argentino por Malvinas. Un año antes, en 1965, la Organización de Naciones Unidas (ONU) había aprobado la Resolución 2065 (XX), que reconocía la existencia de una disputa de soberanía con Gran Bretaña, e invitaba a ambos países a negociar una solución pacífica.
La Historia completa de las Malvinas se inscribía en una corriente de libros que, desde fines de la década de 1930, había reinstalado la causa Malvinas en el espacio público argentino. En 1938 Juan Carlos Moreno publicó Nuestras Malvina s, una historia y crónica de su visita a las islas. Para Azpiri Moreno era el “Gagarín de las islas”: su libro estaba destinado “a remover un terreno semiabandonado y a cubrir la necesidad imperiosa de reflejar con fidelidad los valores económico-militares –sociales y políticos– del archipiélago argentino”. Fundamental fue también la Toponimia criolla de las Malvinas , de Martiniano Leguizamón Pondal (1956), que rescató en tono épico los sangrientos incidentes del 26 de agosto de 1833, cuando luego de la ocupación inglesa, el gaucho Antonio Rivero y sus seguidores mataron a cinco empleados de Luis Vernet (comandante político y militar isleño) que continuaban representando sus intereses.
El gaucho y los cóndores
También en abril de 1966 la Academia Nacional de la Historia (ANH), en respuesta a un pedido de asesoramiento del Poder Ejecutivo, dictaminó que no se podía probar que Antonio Rivero y sus compañeros se habían alzado contra los ocupantes ingleses de Malvinas por motivos patrióticos. La consulta se debía al pedido de autorización para construir un monumento que evocara la resistencia del gaucho. Desde ese momento a la fecha la figura del gaucho Rivero genera controversias. Algunos ven en ellos un gesto de defensa de la soberanía argentina, y otros una mera matanza originada en las difíciles condiciones de vida en las islas empeoradas por la agresión inglesa.
Los historiadores revisionistas cuestionaron duramente el dictamen de la ANH. Para esta corriente histórica y política, Antonio Rivero es un símbolo poderoso: un gaucho (encarnación de la argentinidad) fuera de la ley por enfrentar los abusos de los patrones (los asesinados, extranjeros, eran administradores de Vernet) que resiste al invasor allí donde el gobierno porteño ha claudicado. El rastro de Rivero y sus seguidores se pierde en Montevideo, donde los ingleses les facilitaron la fuga, lo que agrandó la leyenda: algunos plantean que Rivero murió como soldado federal en la Vuelta de Obligado (1845). Esto coronaría el mito: el resistente en Malvinas, muerto en batalla contra la flotilla anglo francesa que intentaba forzar el paso de las aguas del Paraná.
Puesto que el revisionismo se erigía como la visión alternativa y “verdadera” por oposición a la historia “oficial”, “liberal” y “mitrista” (encarnada en la ANH), las disputas por Rivero no eran sólo sobre Malvinas. Los “modelos” en pugna en la década de 1960 encontraron en la historia del gaucho otra divisoria de aguas, potenciada porque también fue leída en la clave de la proscripción del peronismo.
Esto tal vez explique por qué el 28 de septiembre de 1966, un comando secuestró un avión de Aerolíneas Argentinas y lo desvió a Malvinas. Desde hacía tres meses, el dictador Juan Carlos Onganía gobernaba la Argentina. En ese contexto, un grupo nacionalista y peronista planificó el primer secuestro aéreo de la historia, al que bautizó “Cóndor”. Su líder, Dardo Cabo, un militante de la resistencia peronista, invitó al vuelo al director del diario Crónica, Héctor Ricardo García, garantizándole una importante primicia.
En la mañana del 28, los kelpers se acercaron al avión inmóvil en su hipódromo (no había pista aérea), del que saltaron los militantes armados, que les entregaron una proclama en inglés y los tomaron como rehenes. Plantaron siete banderas argentinas y rebautizaron a la ciudad como “Puerto Rivero”, en honor al gaucho mítico, pero fueron rodeados por la milicia de defensa local, y tuvieron que atrincherarse en el avión. Finalmente, el “Grupo Cóndor” liberó a los rehenes y entregó sus armas al comandante del avión argentino. El 1° de octubre fueron embarcados en un barco de la Armada argentina, y ni bien se alejaron de la costa de Malvinas (y de las autoridades inglesas) fueron apresados.
Según la Historia completa de Muñoz Azpiri, publicada en 1966, la causa Malvinas era tan fuerte como escasamente conocidas las islas. La adhesión no era homogénea, como prueba la controversia nacida ese año en torno a la figura de Antonio Rivero. Que meses después un comando peronista bautizara con su nombre a la capital de Malvinas, muestra tanto el peso de esos símbolos como que la salida violenta era parte del repertorio político de la época. Es emblemático que en 1982 la dictadura, con el nombre de “Puerto Argentino”, anulara el intento hecho desde el diario Crónica por reinstalar el nombre de Puerto Rivero para la capital de las islas recuperadas. También, que años antes, asesinara con la “ley de fugas” a Dardo Cabo, que del nacionalismo de derecha había pasado a militar en Montoneros.
1966 aparece como un “año 0” para la causa Malvinas. Todas las opciones estaban ahí: un exitoso frente diplomático, la adhesión emotiva a la causa, el recurso de la fuerza. Retrospectivamente, con una guerra de por medio y una situación que si no es de retroceso es al menos de estancamiento, no deja de ser dolorosamente sorprendente. Y un recordatorio acerca de la idea de Pierre Vilar de que la Historia debe enseñarnos a leer los periódicos.

*Historiador. Autor de “Todo lo que necesitás saber sobre Malvinas” y “ Unas islas demasiado famosas. Malvinas, historia y política”.

sábado, 15 de marzo de 2014

Como un pasajero más

ROMA (Reuters).- Francisco regresó ayer al Vaticano tras un retiro de seis días en un convento en la localidad de Ariccia, a 20 kilómetros de Roma, donde cumplió los tradicionales ejercicios espirituales de la Cuaresma. Esta vez, el retiro coincidió con el primer aniversario del pontificado, que Francisco decidió festejar de manera muy sobria pidiendo vía Twitter que recen por él.
Para el viaje de regreso a la Ciudad del Vaticano, como es habitual en él, el Papa no usó autos de lujo ni limusinas, sino que se subió al mismo ómnibus en el que viajaban los otros miembros de la curia romana que habían compartido el retiro con él. Además, por primera vez los habituales ejercicios espirituales de Cuaresma se realizaron fuera del Vaticano y cada uno de los 80 asistentes tuvo que pagar de su bolsillo los gastos de la estadía.

sábado, 28 de diciembre de 2013

Rebelión en la granja

  
POR MARCELO BIRMAJER
27/12/13

                                           La novela Rebelión en la Granja es, junto con 1984 –ambas del escritor inglés George Orwell–, el relato más impiadoso, ácido y certero, desde la ficción, sobre el fracaso de la revolución soviética de 1917, y sobre los procesos revolucionarios de inspiración marxista del siglo XX en general. El poder ejemplificador del relato supera su época, las condiciones históricas del momento en que fue escrito, y acaba describiendo críticamente comportamientos humanos de todo tiempo y lugar, previos y posteriores, independientemente de jerarquías o regímenes.
Orwell presentó Rebelión en la Granja por primera vez en 1944, pero fue rechazada por lo menos por cuatro editores: con la Segunda Guerra Mundial en curso, una sátira contra el stalinismo, por entonces admirado aliado de Inglaterra, resultaba incómoda. Incluso en 1945, cuando finalmente se publicó, el sentido común académico e intelectual de esa época británica recibió la novela con más suspicacia y disgusto que generosidad. Recordemos que era la Gran Bretaña que nutrió a espías prosoviéticos como Philby, o sus pares de Oxford. Buena parte de los sinsabores que Orwell debió atravesar antes y después de la publicación de Animal Farm (tal el título original en inglés), los revela en un prólogo inédito, que sólo se conoció póstumamente en 1971.
Desde tan lejos, este hombre que vivió sólo 47 años, nos permite recorrer la actual realidad argentina. En su fábula, los cerdos toman el poder en la granja y expulsan al señor Jones, que los explotaba sin miramientos. Los cerdos aseguran que a partir de ese instante trabajarán todos por igual y repartirán equitativamente las ganancias. Pero muy pronto surgen las diferencias entre el cerdo dominante, Napoleón; y el cerdo encargado del planeamiento, Snowall. Napoleón consigue que los perros persigan a Snowall hasta más allá de los límites de la granja, de donde no regresará nunca.
Sin embargo, su figura resultará más protagónica en su ausencia, pues Napoleón le atribuirá las culpas de cualquier deficiencia del régimen animal: si el molino se quema, fue Snowall.
Si hay sequía, es culpa de Snowall. Si la leche se corta, fue Snowall. Si es evidente la desigualdad entre los cerdos y el resto de los animales, es un efecto provocado por Snowall. Las similitudes sobran con el modo en que el kirchnerismo gobernante ha elegido sus Snowall para achacarles cada trastada fruto de su propia ineficiencia, mala fe o mala suerte.
Los Snowall de Néstor y Cristina alguna vez se llaman Menem, en cuyas filas reportaron alegremente buena parte de nuestros actuales antimenemistas en el poder; De la Rúa, en cuyas filas también reportaron tantos hiperkirchneristas contemporáneos, como Gustavo López o Carlos Raimundi; y el sempiterno Sno-wall todo terreno, el dictador Jorge Rafael Videla, que tanto permite fingir heroísmo retroactivo a kirchneristas que hicieron silencio entre el 76 y el 82, y trataron de amnistiarlo en el 83 con Luder; como inventar complicidades a medida para disidentes actuales del kirchnerismo.
Si hay apagones, si hay inflación, si hay inseguridad, si hay persecución a la prensa; Snowall Menem, Snowall De la Rúa, Snowall Videla vienen simbólicamente al rescate: dejaron una herencia envenenada e ineludible; actúan a control remoto desde el pasado; lo hicieron mucho peor: ¿cómo te vas a atrever a quejarte porque te mandan la AFIP por pensar distinto si Videla te mandaba matar?
Las alegorías implacables de Orwell que funcionan en nuestro país no se acaban en Snowall. Los cerdos comienzan por repartir manzanas para todos los animales; pero luego se permiten mezclarlas, exclusivamente para ellos, con leche. Luego restringen cada vez más bienes para el resto de los animales, con el argumento de que es imprescindible limitar el consumo para que alcance para todos. Pero los cerdos no dejan de mezclar sus manzanas con leche, ni de incrementar sus beneficios.
Muchos argentinos se han preguntado en los últimos años si efectivamente sus dificultades para adquirir dólares legalmente para viajar, ya sea por trabajo o por placer, han redituado en una mayor capacidad de acumular divisas en el Banco Central. Lo contrario ha resultado penosamente cierto: no sólo los dólares se han evaporado con una velocidad alarmante, sino que una clase privilegiada, compuesta exclusivamente por la dirigencia kirchnerista, tiene acceso directo e ilimitado al dólar, sin atravesar ninguno de los incordios que padece el resto de los argentinos. El verdugo de los viajeros, Guillermo Moreno, ha partido recientemente, como si se tratara de una burla, a vivir su exilio dorado en Italia. El azote de la inflación no afecta a la camarilla kirchnerista: en el comedor de la Casa Rosada los precios no sólo no aumentan, cuesta 3 pesos el menú completo. Ignoro si incluye manzanas mezcladas con leche.
En Rebelión en la Granja, la casta de los cerdos acaba explotando a sus colegas animales peor que lo hacía el dueño humano, precisamente porque los protege un discurso del que señor Jones carecía: nosotros lo hacemos por vuestro bien. La inflación, el hambre, la inseguridad, el autoritarismo, es parte de un plan benigno, que en parte se justifica por el duro trance que debemos atravesar para llegar a la felicidad absoluta. Pero mucho más por culpa de Snowall Videla, y por los Snowall Menem y De la Rúa, con los cuales, olvídenlo, estuvimos ligeramente complicados.
En Rebelión en la Granja, los animales comienzan su rebelión triunfante con siete mandamientos: todo lo que camina sobre dos pies es un enemigo; todo lo que camina sobre cuatro patas, o tenga alas, es amigo; ningún animal usará ropa; ningún animal dormirá en una cama; ningún animal beberá alcohol; ningún animal matará a otro animal; todos los animales son iguales Pero con el correr de los días, los cerdos cambian los mandamientos sin aviso, imperceptiblemente: Ningún animal dormirá en una cama con sábanas ; ningún animal beberá alcohol en exceso ; ningún animal matará a otro animal sin motivo . Hasta eliminar finalmente los siete mandamientos.


La adulteración del pasado es una malsana forma de corrupción. Las novelas clásicas, como lo es Rebelión en la Granja, cumplen un papel redentor: el de conservar el pasado, relacionado con el sentido más profundo de nuestras miserias y méritos. En ese contacto intenso, que la literatura permite y auspicia, podemos también atravesar las cortinas de humo de la propaganda y los hipócritas discursos filantrópicos, para conectar con nuestro pasado directo, que sigue vigente en los libros, los diarios, los programas de televisión, con nombres y fechas, con historias y frases célebres, a nuestra disposición, esperando sólo nuestra actitud orwelliana de no dejarnos someter por el falso sentido común de una época.

EL BLOG OPINA

                              Una novela, un documento, un manifiesto de una precisa actualidad y vigencia, que perdurará mientras existan las corruptelas sociales y políticas que desde las más remotas épocas se sustentaron en el engaño, la manipulación, la ignorancia de los pueblos.  El enfoque que da el autor de la presente nota aborda la corrupción política argentina, que ha ido de mal en peor y aún no acaba, ni se vislumbra la menor esperanza. El texto puede emplearse como modelo para indicar similitudes con otros países de homólogos regímenes, que pululan en la región; bastaría solo con cambiar los nombres de los protagonistas, todos cojean del mismo lado...

sábado, 2 de noviembre de 2013

El duro editorial del Washington Post en contra del Gobierno de la Kirchner


El Washington Post se hizo eco de la declaración de la constitucionalidad de la ley. Mencionó las "fuertes presiones" que las autoridades ejercieron sobre la Corte Suprema. Y cuestionó la presencia del país en el G20.

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02/11/13 - 16:21
La declaración de la constitucionalidad de la Ley de Medios se hizo eco en uno de los diarios más importantes de los Estados Unidos. El Washington Post publicó hoy un duro editorialen contra del Gobierno en el que menciona, entre otros aspectos, las "fuertes presiones"que recibió la Corte Suprema para aprobar la ley.
El diario señaló que un país que "sofoca" la libertad de expresión "no" puede ser miembro del G20. "Los Estados Unidos, Brasil y México deberían preguntarse si un país del hemisferio que sofoca la libertad de expresión merece tener su voz amplificada a través de invitaciones a reuniones en la cumbre de élite. La respuesta obvia es no", publicó el diario.
En otros pasajes del editorial, el matutino menciona que "Cristina Kirchner y sus camaradas todavía representan una amenaza para las instituciones democráticas del país" y agregó que "eso quedó claro el martes, cuando la Corte Suprema, bajo fuerte presión de la oficina de la Presidenta, confirmó una ley que apunta a destruir a una de las empresas de medios de comunicación más importantes de América del Sur, el Grupo Clarín".
El Washington Post también hace referencia a los resultados de las elecciones legislativas, que "dieron una derrota decisiva para la Presidenta Cristina Fernández de Kirchner. La votación prácticamente asegura que Kirchner, quien se encuentra en precarias condiciones de salud después de una cirugía cerebral , no será capaz de cambiar la Constitución y postularse para un tercer mandato en 2015 , y le dio un impulso a un par de rivales moderados que se oponen a su autoritario populismo".

Por último, analiza que si la ley "está destinada a inyectar una mayor diversidad en la cobertura de noticias y el debate público" eso "no explica las diferencias de tratamiento con otros grupos privados", o la "captura" de Papel Prensa, o "la despiadada campaña del Gobierno para matar de hambre a Clarín y a otros dos periódicos (La Nación y Perfil) por la publicidad".

domingo, 13 de octubre de 2013

“El mestizaje que nos enriqueció”


POR OSVALDO PEPE
CARTAS AL PAIS CLARIN 13/10/13

                      ¿Nuestra historia americana empezó a partir de Cristóbal Colón? El fue un hábil navegante,pero no lo fue como gobernante y por eso lo destituyó la corona española como virrey y gobernador de las Indias. Empleó métodos crueles y despiadados contra nativos y colonos, según devela documentos descubiertos en el Archivo General de Simancas (Valladolid).
Siguieron después cien años de conquista, donde se ganó un inmenso territorio, en desmedro de la población nativa que sufrió el sometimiento del más poderoso.
Por ello es significativo señalar que antes del 12 de octubre de 1492, existía una rica historia de distintos pueblos originarios e importantes civilizaciones precolombinas, como los mayas, aztecas e incas, que la conquista europea se encargó de truncar, haciendo agonizar la permanencia de su nutrida cultura.
A pesar de que el régimen colonial desalentaba el mestizaje, desvalorizando a la persona que era “cruza de razas”, éste se generalizó, conformando el grueso de la población americana. El “blanco” era una minoría étnica que ostentaba el poder, imponiendo su “civilización”, en menosprecio de aquellos “primitivos o salvajes”, calificación habitual en el marco de una concepción de superioridad europeizante que no reconocía ni respetaba al otro diferente. El antropólogo del siglo XIX, Francis Galton, primo de Charles Darwin, afirmaba en el siglo XIX, que “la herencia genética de las razas y los problemas del mestizaje entre razas inferiores son irreversibles y son la principal causa del atraso de Hispanoamérica”.
Sin embargo, producto del enriquecimiento del mestizaje, han surgidoun gran número de personalidades destacadas en los hechos políticos, sociales y culturales de América. Y en nuestro país, tres grandes protagonistas de la historia argentina llevaron sangre indígena:José de San Martín (según varios historiadores, no habría dudas de que su madre sería la guaraní, Rosa Guarú), Hipólito Yrigoyen (su abuela, madre de Leandro Alem, era Tomasa Ponce , “la China Tomasa”) y Juan Domingo Perón, hijo de la tehuelche Juana Sosa.
Haciendo justicia en las raíces de las poblaciones humanas de América, se estableció en estos últimos años, en la mayoría de los países de este continente, cambiar la festividad del otrora Día de la Raza por el Día de la Diversidad Cultural, transformándose en una jornada de reflexión histórica y de diálogo intercultural.
De esta manera se reivindican los derechos de los pueblos aborígenes y desestimamos reflexiones polémicas de algunos personajes de nuestro tiempo, como el cesanteado ex cónsul español de Boston, que también lo fue en nuestra provincia de Córdoba, Pablo Sánchez Terán, que en la conmemoración del 12 de octubre de 2004, afirmó: “Mucho peor estarían o estaríamos bajo las civilizaciones incaicas, aztecas, mapuches, sioux, apaches, que han sido idealizadas por historiadores y antropólogos, cuando es bien conocida su división de castas y su carácter imperialista y sanguinario”.
La brecha entre los pueblos originarios y los que no lo son, produce el aislamiento de grupos poblacionales autóctonos, fomentada por la indiferencia de los gobernantes, por un profundo desconocimiento y por una discriminación irracional, menospreciándolos por su color de piel, lengua y costumbres, entorpeciendo e impidiendo su inclusión social.
Podemos concluir que cuando procedamos a especular sobre las distintas “razas” de nuestra especie, no debemos confundirnos; debemos enfocarnos en la existencia de una sola: la raza humana.
José Luis Castellano castellan0jl@hotmail.com

EL COMENTARIO

La construcción de otra historia

                          Más allá de la nominación que se le dé al 12 de octubre, hay un dato histórico irrefutable: es el aniversario (en este caso el número 521) de la llegada de Colón, y con él del desembarco de la corona española, a las tierras americanas. Los historiadores han dejado registro de los costos humanos de la llamada conquista y civilización. Por sobre la polémica asoma la verdad cultural e identitaria del mestizaje, que hizo posible empezar a construir otra historia.

UNA CARTA...

                         Quisiera que la Presidenta lea esto, en nombre de mi padre, de 86 años. Una sola vez en cuatro décadas faltó a su trabajo en la imprenta de la Prensa Médica. Trabajó hasta sus 65 años por el 82 % móvil y no por $ 2.134 que hoy cobra tras 45 años de aportes como el Estado le exigió.
Juan José Quinteros juanjosequinteros@hotmail.com


UNA HISTORIA...

                          “Escribo en nombre de mi padre, quien hace tres meses cumplió 86 años (nació el 9 de julio de 1927, en Villa Tulumba, un pueblito del norte cordobés), que cursó hasta 5º grado porque no había 6º, y a los 10 años comenzó a trabajar con mi abuelo en la cosecha de maíz. A los 21, y ya en la bendita Capital, con la renuncia firmada, entró a la imprenta de La Prensa Médica Argentina, como doblador de pliegos durante 45 años en una máquina Bremer” , cuenta Juan José sobre ese gran esfuerzo paterno.
Su despertador sonaba a las 4.30 cada día, pero don Julio se despertaba antes. Luego, desde Ciudadela, llegaba al taller 10 minutos antes de las 6, cuando fichaba.
“Trabajaba 10 horas (incluidas 3 de extras), para regresar pasadas las 19.30 a su rancho (que también, y con la ayuda de cuñados, primos y amigos, construyó él mismo). Sólo faltó una vez en 4 décadas y media, cuando fue al Tulumba natal a enterrar a su padre, mi abuelo Calixto”.
Juan cuestiona los subsidios y el uso del dinero de los jubilados.
“Presidenta, a su disposición, sus recibos de sueldo de toda la vida y, después, nos dirá, mirándonos a los ojos, si don Julio Argentino Quinteros es uno más en la industria del juicio por reclamar lo que por derecho le corresponde. Piense en la palabra empatía y en el pensamiento en voz alta de un amigo de la cultura argentina: es tan bueno hacer algo por alguien y tan pelotudo no hacer nada por nadie”.
Patricio Downes pdownes@clarin.com

IDA Y VUELTA
Más sobre Colón y la cultura inmigrante

                             El 12 de octubre de 1492, Colón creyó, por cierto erróneamente, haber desembarcado en India. Aprendimos entonces que el encuentro entre los dos mundos permitió un legado cultural y expresiones artísticas. Pero ... si la historia la escriben los que ganan, ¿es la verdadera? Los “conquistadores” hallaron gente pacífica, amable, inocente. A cambio, fueron esclavizados, torturados, su trabajo explotado, su riqueza robada y embarcada hacia Europa.
Nuestro Papa Francisco, dijo en Brasil a los jóvenes: “Hagan lío”. Su mensaje fue no resignarnos. Bartolomé de las Casas, levantó la voz frente a la barbarie, en “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” (1552). Los pueblos originarios, fueron explotados hasta la muerte, reducidos a un 10%.
La destrucción continúa hoy, con los wichis, tobas-qoms, mapuches, guaraníes, huarpes, kollas, quilmes, entre otras tribus. Se enviaron a España, 185 mil kilos de oro y 17 millones de plata. Aún mantenemos rasgos de los dueños de la tierra: el dios incaico está en nuestra bandera. Es un sol figurado con 32 rayos: 16 flamígeros, y 16 rectos. Los 32 rayos del Inti representan las columnas del templo de Coricancha (lugar sagrado de los Incas). San Martín llevó en la bandera el diseño del Inti o Sol inca al cruzar los Andes para que los indios y pobladores, desde Chile hasta Perú, se identificaran con la Unidad Latinoamericana.
Pero pesa sobre este pueblo “la maldición de la Malinche” Ella era una maya, entregada como esclava a Cortés. Le traducía el azteca y le revelaba el sitio de su enemigo. La colaboración de Malinche, dio lugar a la maldición para su pueblo pues no sólo vendió su cuerpo, sino a su gente. Dicen … que esta traición es la que le impide surgir a Latinoamérica.
¿Cómo nos sentiríamos si se celebrara el Holocausto, o el 24 de marzo de 1976? Los pueblos originarios gozaron su último día de libertad el 11 de octubre de 1492. Podemos aún elegir “santificar” la masacre (alejándonos de la enseñanza de Cristo) o comenzar a honrar la vida.
Profesora Adriana C. Lenardón adrilenardon@ciudad.com.ar
Escribo para decir que me enorgullezco de ser una nieta de aquellos inmigrantes “muertos de hambre” que llegaron al país hace muchas décadas. Posiblemente hayan estado hambrientos, pero fueron honrados, decentes y trabajadores como no los hay en la actualidad. Aquellos fueron muy diferentes de los inmigrantes que hoy nos invaden, los que llegan atraídos por los planes, becas, subsidios, la salud y la educación gratis, entre otros beneficios. No los atrajo el hecho de que les paguen por tener hijos. La única meta que tuvieron fue la de ubicarse, buscar trabajo, el que fuese, sin pretensiones, sin exigencias.
Tampoco jamás se les cruzó por la mente ocupar viviendas y tierras ajenas. Educaron a sus hijos y el sueño de muchos fue ver a sus hijos “dotores”, ¡qué gran orgullo, por Dios! Tampoco les preocupó el precio del dólar para mandar a sus países de origen y menos el cepo cambiario y tampoco cuando el país dejaba de ser conveniente por el alza del dólar.
Cantaron con fervor nuestro Himno patrio y lucieron orgullosos la escarapela. Muchísimos no volvieron jamás a sus países de origen y consideraron al nuestro como el propio, con sus defectos y sus virtudes. Siento orgullo por ser lo que soy, una nieta de italianos y españoles “muertos de hambre” llegados a esta tierra.
Lidia Miravet limir@fibertel.com.ar
Realmente me indigna la ignorancia y/o la mala fe de la gran mayoría de las opiniones vertidas sobre los comentarios de la Presidente sobre el tema de la inmigración, incluso el de ella. Me refiero a la frase sobre que llegaron a estas tierras “muertos de hambre” Es cierto que en la mayoría de sus países de origen, de los cuales surgieron las grandes oleadas inmigratorias que vinieron a la Argentina, la situación era comprometida. Pero lejos de morirse de hambre, la mayoría se quedaron y no se registraron las hambrunas que harían suponer los comentarios despectivos.
Pero lo más importante, y que hasta ahora no lo escuché decir ni leí, es que la Argentina tenía imperiosa necesidad de poblar el país. No hay otra manera y ésa es la razón de las principales inmigraciones promovidas por los Gobiernos nacionales, tanto las de fines del siglo XIX como la mediados del siglo XX. La Argentina es la que brindaba incentivos para traer a los inmigrantes.
Séneca decía que “la verdad parcializada es la peor de las mentiras.”


Ángel S. Petrillo angelpetrillo@hotmail.com