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JUAN YÁÑEZ les da la más cordial bienvenida. Es éste otro testimonio de una pasión urbana...esencialmente lo porteño, lo argentino, lo latinoamericano y también el universo todo...

domingo, 24 de enero de 2016

Gustavo Santos: Queremos una Argentina tolerante, la ideología exacerbada se terminó


El nuevo ministro de Turismo de Argentina ofrece, a su llegada a España en el marco de FITUR, un nuevo país. «No se trata de un cambio pendular que va del populismo al neoliberalismo, sino de un cambio equilibrado con una visión desarrollista, e integradora».

El ministro de Turismo de Argentina, Gustavo Santos - 
JOSEFINA G. STEGMANN - @jgstegmannMadrid - 24/01/2016 a las 03:53:39h. - Act. a las 16:59:24h.Guardado en: ABC Internacional

Gustavo Santos tiene un marcado acento argentino. Pero no el que se reconoce fácilmente. Si el «porteño» es relativamente fácil de distinguir para los españoles, el acento «cordobés» (de la provincia argentina vecina de Buenos Aires) puede que deje a más de uno perplejo.
Santos es cordobés de nacimiento y de alma. Fue precisamente su intensa labor en el área de turismo de esta provincia (estuvo ocho años al frente de la secretaría de Turismo) lo que lo ha llevado ahora a ejercer la cartera a nivel nacional. «Macri me eligió por ello, fruto de un duro proceso de selección», asegura.
Con años de experiencia y una buena gestión, Santos ha venido a darle un importante «lavado de cara» al país. Su idea, precisamente, es mostrar todas las facetas de Argentina, todas sus provincias, todas sus culturas y divergencias. Se acabó la discriminación por cuestiones políticas. Se acabó también el «castigo» al extranjero que llegaba con una moneda que perdía valor al cruzar la frontera. Se acabó la Argentina aislada, separada de sus vecinos y endeudada.
«Lo que no voy a hacer jamás es discriminar un destino por cuestiones políticas. Córdoba, donde fui ministro, fue el destino más discriminado del país. Antes había enfrentamientos por pensar diferente, ahora queremos una Argentina integrada y tolerante sabiendo que podemos divergir pero manteniéndonos unidos, con políticas de estado. Los argentinos respiran hondo. La ideología exacerbada se terminó», sentencia.
¿Qué ha contado acerca de la Argentina en FITUR, y en España?
Vengo a decirles primero que Argentina cambió, no solamente su gobierno, sino su visión. Es un país que no quiere ser de «unos u otros», sino de «unos y otros». La visión de Macri es la de una Argentina integrada, una Argentina que reencuentre su calidad institucional, su seguridad jurídica, la convivencia entre los argentinos y también, una Argentina que se reinserte nuevamente en el mundo.
Es un país que se ha planteado el objetivo de «pobreza cero», que es un meta que tal vez no alcancemos nunca, pero sí que es un faro, de modo que las acciones de gobierno irán detrás del desarrollo, de la productividad y de la generación de empleo. En ese contexto vengo a España a traer esta visión de una Argentina diversa, vengo a contarle a los españoles, a los europeos y al mundo que hay una Argentina que es casi un continente y que tiene una inmensa riqueza.
Se pueden recorrer esos casi 5.000 kilómetros que van desde Tierra del Fuego, allá en el fin del mundo (como decía el Papa, que fueron a buscarlo al fin del mundo), hasta llegar a la Quiaca, Jujuy, en el límite con Bolivia. Y en ese trayecto no solo nos encontramos con paisajes, climas y culturas diferentes, sino también con formas de vida, modos existenciales. Hay un país por descubrir, profundo, diverso...El sistema de parques nacionales argentino es uno de los más importantes del planeta.
El recorrido del país también incluye la ruta del vino. Ya no es solamente propio de provincias como Mendoza, San Juan, Salta o la Patagonia, también hay vinos en Córdoba, en Tucumán, en Jujuy a casi 3.000 metros de altura.
En el terreno de lo cultural también tiene para mostrar una riqueza extraordinaria, desde la presencia del legado jesuita, que es Patrimonio de la Humanidad, pasando por la huella europea.
¿Qué prototipos quiere romper respecto a la visión que se tiene de Argentina?
La Argentina no es unívoca. Siempre se ha sabido que tenemos la mejor carne, buenos vinos, buen fútbol, el tango...Pero también tenemos folclore, quiero que conozcan nuestros gauchos (campesino pampeano), nuestros parques naturales, las cataratas del Iguazú, las regiones de Cuyo con su desarrollo enoturístico, que conozcan los valles calchaquíes, las zonas de La Rioja, el Valle de la Luna en San Juan, que son lugares mágicos.
El Parque Iberá, que cuenta con 700.000 hectáreas y comprende una de las mayores reservas de biodiversidad del mundo.
Para un europeo, acostumbrado a una fuerte presencia urbana, Argentina puede ser un destino prometedor. Se puede entrar por Buenos Aires, pero a partir de allí hay un país que enriquece el tradicional viaje a la capital.
¿Cómo han beneficiado las nuevas medidas económicas al extranjero? El levantamiento del cepo, por ejemplo…(El cepo cambiario nace en Argentina en 2011 por el aumento de la llamada «fuga de capitales», es decir, la compra de divisas extranjeras, sobre todo de dólares, por familias y empresas. El gobierno kirchnerista impuso medidas restrictivas para detener esa compra y evitar así que se devalúe el peso)
Hemos unificado el cambio (Argentina tenía cinco tipos distintos de dólares). Ahora, al haber levantado el cepo estamos ante una situación ventajosa y competitiva para el euro y el dólar. Antes había que ir a un mercado negro (las llamadas «cuevas») con las inseguridades que ello implicaba. Hoy, con tu tarjeta vas a pagar y tu moneda vale lo que tiene que valer. Antes, solo se usaba efectivo porque con tarjeta la moneda valía un 50 por ciento menos. La Argentina no ofrecía normalidad.
Otra medida relevante ha sido la de la reinserción en mercado del crédito, siendo ahora un país confiable para las inversiones. Los inversores extranjeros que quieran invertir podrán retirar sus utilidades.
También hay equilibrio ambiental y social. América no sufre terrorismo ni luchas étnicas. En términos macro, nuestro continente es promisorio y cuenta con muchos recursos (agua, petróleo, gas).
Un acuerdo razonable con los fondos buitre también va a favorecer porque terminamos con una situación de deudores y ahora pasamos a ser una nación seria política y económicamente convirtiéndose en un país modelo para vivir, visitar e invertir.
¿Es fácil cambiar la imagen del país después de 12 años de kirchenismo?
Llegó el cambio. Nuestra propuesta se llamaba Cambiemos y es un cambio real. Pero además no se trata de un cambio pendular que va del populismo al neoliberalismo, sino de un cambio equilibrado con una visión desarrollista, integradora, que tiene los pies en la tierra y sentido común.
El primer día que nos reunimos el presidente pidió cuatro cosas: Primero, dedicación absoluta. «El que no esté dispuesto a trabajar, incluso todo el día, que lo diga ahora antes de jurar», nos dijo. Segundo, pidió que se trabaje en equipo. Aquí no hay estrellas, todos están muy formados. Nos pidió, de hecho, que nos conociéramos entre nosotros: «Queden con sus familias, tomen café, vayan a la cancha, pero no quiero que uno no le atienda a otro el móvil».
Hemos visto ahora un equipo respetuoso, homogéneo e integrado. También pidió que comuniquemos con la palabra, con los gestos: «Sean humildes, vayamos a los ministerios y respetemos a los que trabajan, no importa su perfil». En mi equipo, de hecho, tenemos funcionarios de la gestión anterior y tienen mucho para darle a la Argentina.
El cuarto punto que señaló Macri es la decencia absoluta.
Argentina está muy cara. El dinero no rinde aún viajando con euros o dólares que valen muchos más que el peso. ¿Se le piensa poner remedio?
Primero, el levantamiento del cepo resolverá ese problema. El dinero rendirá más. Pero además, tomaremos medidas que se están evaluando también en Finanzas e Industria que buscan favorecer al turista, como por ejemplo, eliminar el IVA en el alojamiento, aunque se está estudiando.
¿Cual es la herencia respecto a la labor de su predecesor, Enrique Meyer?
Lo que no voy a hacer jamás es discriminar un destino por cuestiones políticas. Córdoba, donde fui ministro, fue el destino más discriminado del país. Lo respeto a Enrique Meyer pero jamás haré lo que hizo. Por el contrario, la instrucción es trabajar en condición de igualdad con todas las provincias, tengan el signo político que tengan. Esa discriminación que había por motivos políticos desaparece para siempre de la agenda argentina.
Antes había enfrentamientos por pensar diferente, ahora queremos una Argentina integrada y tolerante sabiendo que podemos divergir pero manteniéndonos unidos, con políticas de estado. Ese es el gran cambio cultural que en pocos días desde la asunción se empezó a ver. Hay un clima más relajado. Los argentinos respiran hondo. La ideología exacerbada se terminó.
¿Cómo piensan mejorar la situación de Aerolíneas Argentinas y a su vez, atraer a otras compañías aéreas?
Aerolíneas Argentinas mejoró, pero lo hará más. Aerolíneas depende del Ministerio de Transporte y con el ministro venimos trabajando mucho. Durante nuestra gestión queremos duplicar la presencia de cabotaje de Argentina, queremos unir todo el país sin pasar por Buenos Aires, creando nuevos «hubs» (centro de conexión desde el que las grandes aerolíneas reparten su tráfico al resto de aeropuertos). En un país tan extenso no puede haber un solo «hub».
Queremos que haya interconectividad entre destinos con atractivo turístico, comercial...Por ejemplo, el caso de Vaca Muerta de Neuquén (yacimiento de gas de esquisto, el segundo más importante después de Estados Unidos y de petróleo no convencional, cuarto a nivel mundial), que va a provocar un empuje de toda la provincia.
También queremos desarrollar todo el norte del país a nivel turístico, que ahora mismo tiene un desarrollo que está en un 10 por ciento por debajo del desarrollo que tiene el resto del país.
La visión del presidente es una Argentina más equitativa y por eso el plan Belgrano es específico para desarrollar esa zona. El turismo tiene mucho que hacer en ese sentido pero además, hay pueblos enteros que no podrían vivir de otra forma que no sea dependiendo del turismo (Tilcara, Purmamarca…)
En el caso de otras compañías, Iberia retomará rutas latinoamericanas, y espero que aumente su presencia en Argentina. También en el caso de Air Europa. Puede que haya más rutas y también mayores inversiones.
Cuando un extranjero viaja siempre va con temor respecto a los robos. ¿Argentina dejará de ser un destino peligroso?
Queremos garantizar la seguridad del país. Sabemos que en el mundo la seguridad es un valor. Todo el gobierno nacional va a trabajar para consolidar esta imagen de seguridad, de una Argentina vivible en un mundo complicado. Si alcanzamos esto será un diferencial importante a la hora de elegir nuestro país como destino.
En términos comparativos, es seguro. El desarrollo, productividad y empleo generarán mayor seguridad aunque hay que acompañarlo con un sistema preventivo. Hay un replanteo de la policía federal y se hará un trabajo entre todas las provincias del país.
Córdoba ha sido protagonista del triunfo arrollador de Macri en las pasadas elecciones superando a Scioli por 71,5% frente a un 28,49%. ¿Por qué?
Por dos motivos. El primero, es porque a Córdoba se la discriminó de forma tan brutal por pensar diferente que el pueblo reaccionó como tenía que ser. Un pueblo maltratado con énfasis en los últimos seis años reaccionó electoralmente. Y segundo porque Macri representó un planteamiento de país y de valores que iba muy en sintonía con lo que pensaba el cordobés. El cordobés ha sido el que hizo el «Cordobazo» (fuerte movimiento de protesta en 1969 que provocó la caída del presidente de facto, Juan Carlos Onganía), la revolución libertadora, la reforma universitaria. «Para poner un cordobés de rodillas, hay que cortarles las piernas». El contenido de la propuesta de Mauricio cuajó con ese espíritu cordobés. En Córdoba obtuvo una ventaja que fue superior a nivel nacional y así compensó con otras provincias. El voto radical y peronista fue hacia él. Lo eligió una provincia universitaria, que tuvo la primera universidad de la Argentina, crítica, que no es dependiente del empleo público como pasa en otras provincias, que no es dependiente del empleo público y que no se usa para presionar a la hora de votar, que no son feudales como pasa en otros lugares…
¿Cuáles son sus prioridades en materia turística?
Hacer el ministerio más federal de la Argentina. De hecho, la ley de turismo reconoce seis regiones turísticas del país y he conformado mi gabinete con representantes de esas seis regiones. Porque yo no pienso como un porteño, como un patagónico...ni ellos como un cordobés.
También quiero descentralizar el ministerio para que las políticas lleguen en igualdad de condiciones a todas las provincias. Hay que hacer una política de Estado sin discriminar a nadie. Hacer un gran equipo entre lo público y privado. El trabajo mancomunado entre lo público y privado es para mí una convicción.
También pensamos que las diferencias entre los países de la zona no nos tienen que separar sino que agregan valor. Llegó un momento en que las relaciones dependían de la posición política.
Es importante que los mercados de América del Sur trabajen desde un punto de vista más amplio. Además, nosotros somos clientes unos de otros porque el turismo funciona por proximidad.
El Camino del Inca, designada Patrimonio Mundial va desde el norte de Argentina y recorre todos los países andinos. La ruta de los jesuitas incluye a la Argentina, Paraguay, al sur de Brasil, a Bolivia... También las rutas del vino nos integra con Chile y con Uruguay.
Queremos integrar las ciudades Patrimonio de la Humanidad de distintos países...Tenemos un desafío de integrarnos como América del Sur y generar una oferta. La idea es enriquecer también nuestros propios destinos. El gran desafío es mejorar la oferta que tenemos, destinos emergentes, quiero que descubran una Argentina diferente, que los que vivimos ahí sabemos que existe, pero el resto se pierde lugares mágicos.
¿Pensó en usar su experiencia en Córdoba para el país?
Fui elegido por eso, Macri me eligió por la performance de Córdoba después de un duro proceso de selección. Fui ochos años ministro de Córdoba y en esos años hicimos un cambio, un «restyling» de la marca muy fuerte. Apostamos por el desarrollo de la oferta, por destinos que no se conocían. Se generó una nueva línea para los inversores. Generamos 28.000 nuevos puestos de trabajo, y si teníamos en el inicio de la gestión cinco vuelos, por ejemplo, que nos conectaban a Buenos Aires nos retiramos con 15 a Buenos Aires, pero también a distintas Rosario, Jujuy, Bariloche, Mendoza, Chile, Lima, Panamá, Brasil y Miami.

martes, 29 de diciembre de 2015

LA CENSURA EN ARGENTINA DURANTE LA DICTADURA MILITAR

Juan Yáñez


              Una época humillante en la historia argentina y es menester que no sea olvidada por las nuevas generaciones. La historia se escribe dia a día y  del mismo modo debería estar siempre en presente durante el transcurrir de los años. Aquellos que tuvimos oportunidad de vivir en aquellos acontecimientos y a la vez ser lo suficientemente jóvenes para “medio” entender una Argentina por demás politizada.

 En una época difícil, donde la libertad individual estaba amenazada hasta por las nimiedades más fortuitas. Éramos ciudadanos de un país subyugado, en el que había que vivir el día a día, sin dar queja al régimen imperante. Aquellos de nosotros más cónsonos con lo cultural o la representación artística, nos topábamos ante un filtro  implacable que hacía y deshacía según criterios de la más alejada imparcialidad o respeto.
Había un censor, apellidado Tato, un personaje por demás digno de una comedia de Moliere por su particularidad histriónica, una verdadera caricatura y sin embargo miembro del gobierno vigente.
Como dato ilustrativo, anoto que quizá alguien recuerde una célebre película protagonizada por Marlos Brando y la actriz María Schneider que se titulaba “El último Tango en Paris”.
Se estrenó en 1972, a la sazón estábamos en Hamburdo (Alemania). El film era sumamente famoso por una escena erótica en que en un acto sexual se utiliza mantequilla como lubricante. Ni cortando esa escena,(la única realmente  censurable) pasaron muchos años en que la película fuera estrenada en Argentina.



Hara casi 10 años, precisamente el viernes 24 de marzo de 2006, en Clarín, en una nota de Camilo Sánchez, publicaba un artículo que entre títulos y subtítulos decía:

 A 30 AÑOS DE LA NOCHE MAS LARGA - ESPECTACULOS: CENSURA EN EL CINE, LA TELEVISION, EL TEATRO Y LA MUSICA
Tiempos de sombras para los artistas
Autor: Camilo Sánchez
Las películas de cine soportaron a Tato, un censor que pasó a la historia. Se prohibió hasta el tango Cambalache. Y al rock lo miraban de soslayo. El teatro, ámbito de la resistencia. En la última Feria del Libro, Adolfo Aristarain recordaba que, en tiempos de la dictadura, cuando necesitaba una escena erótica de tres minutos la filmaba, por lo menos, de diez. Miguel Paulino Tato, el censor que entró en la historia, lo llamaba ofuscado. "¿Qué es esto?", le decía, a los gritos, y entraba en éxtasis de poda. Aristarain sacudía su cabeza vasca y discutía un poco. Después se iba, con tres minutos eróticos bajo el brazo.
Una ingenuidad escolar comparada con el silencio de lo atroz, los tiros en la niebla, los cuerpos en el río, las salas de tortura. El espectáculo en esos años, impedido de espejar, buscaba atajos u oxígeno como podía o miraba hacia otro lado y levantaba —por dinero o convicción ideológica— las banderas del horror. Porque a ver si nos entendemos: se había prohibido hasta el tango Cambalache, en la televisión reinaba Velazco Ferrero que hacía bailar a la gente, Leonardo Favio filmó Soñar, soñar (1976) y se tuvo que olvidar del cine hasta 1993, y el notable Luis Politti —el verborrágico Vignale de La Tregua— se moría de tristeza en el exilio.
Era todo grotesco, sino fuera por el tamaño de la tragedia. El humorista Mario Sapag hacía una parodia de Jorge Luis Borges. Un día lo censuraron. Los medios cayeron en masa hasta el departamento de la calle Maipú, creyendo que el autor de Luna de enfrente había presionado para que se tomara esa decisión. Borges no sabía quién era Sapag. "Con el esfuerzo que se habrá tomado para copiar mi manera torpe de hablar", se lamentó, acariciando un gato blanco
La mínima historia escondía una trama mayor: las fuerzas armadas se habían repartido los canales del Estado. El 7 y el 9 fueron para el Ejército, el 13 lo administraba la Armada y el 11, la Fuerza Aérea. Borges se extrañaba con que un solo sector social pudiera arrogarse tanta versatilidad. "Tan absurdo —decía, con lógica borgeana— como si los odontólogos o bomberos estuvieran capacitados para ocupar la totalidad de los cargos públicos".
Cualquier cosa podía costar caro entonces. Hace unas semanas, en Francia, se estrenó una nueva puesta —la tercera en ese país— de Telarañas, una pieza de Tato Pavlovsky. "Una obra muy querida y muy temida", reconocía el actor y dramaturgo. Y recordaba. La obra se estrenó en el ciclo de Teatro al Mediodía, en el Payró, en diciembre de 1977. Pero tuvo corta vida: fue prohibida por la Municipalidad de Buenos Aires, indicador de que Tato Pavlovsky molestaba: apenas si pudo escaparse, una noche, por los techos de su casa.
Aún así, en el teatro, ámbito proclive a la resistencia, se sucedían ciertos milagros. En San Telmo se producía una obra de arte del desencanto: Marathon de Ricardo Monti. Con Boda blanca se comenzaba a frecuentar una poética de la intimidad bajo el pulso de Laura Yusem. Y Alfredo Alcón, en el teatro San Martín, en una versión de Luis Gregorich, lograba un Hamlet connotado de actualidad: como siempre lo tiene la historia de una tragedia y un asesinato. La obra hasta encabezó las boleterías durante una temporada de Mar del Plata.


Al rock se lo miraba de soslayo, con actitud perdonavidas, por lo menos hasta Malvinas, en que pasó a jugar en las ligas mayores. El tango todavía no era negocio. Con Atahualpa siempre lejos, la Negra Sosa en el exilio, una bomba en el Templo del Vino que estaba en los fondos de la casa de Horacio Guarany y Cafrune envuelto en una muerte dudosa, en la medianoche del 31 de enero de 1978, mientras cabalgaba hacia Yapeyú para conmemorar el bicentenario del nacimiento de San Martín, la música nacional languidecía. Lo que quedaba del folclore se aglutinaba detrás de un hombre de sonrisa fácil: Quique Dapiaggi reunía a mujeres y cuentistas y guitarreros en una parodia de peña, más bien triste, más bien bizarra.


La resistencia funciona a la manera del agua: sin forma precisa, se desliza por las grietas de la uniformidad. En 1981, Aristarain saca un conejo de la galera: en Tiempo de revancha, un ex sindicalista se enfrenta a una multinacional quedándose mudo. Metáfora oportuna. Ese año sucede Teatro Abierto en respuesta a una funcionaria que retiró del programa de estudios la materia Dramaturgia Argentina.



Mercedes Sosa vuelve, en 1982, y en el Opera abre el recital diciendo Tantas veces me mataron, tantas desaparecí. La vuelta de Serrat: "Como decíamos ayer", arrancó el catalán, en el Gran Rex, citando a León Felipe. Ya había sucedido Malvinas, y se salía de recitales y teatros caminando hacia el Bajo, diciendo entre muchas voces que se iba a acabar la dictadura militar.

jueves, 27 de agosto de 2015

Cómo es nacer y morir en Sommer, el único leprosario que funciona en la Argentina

Aunque la enfermedad tiene un tratamiento efectivo y el aislamiento ya no es necesario, el hospital funciona desde hace más de 70 años como el único refugio para cientos de personas que perdieron todo a causa de este mal
Por   | LA NACION
"¡Uff!, ya ni me acuerdo desde hace cuanto estoy acá", dice Modesta Verón, mientras con la mano hace un ademán como queriendo borrar la historia de tanto dolor. Luego de unos segundos de silencio, en los que su mirada se pierde en la nada, acota con una voz apenas audible: "Es como si hubiese nacido en este lugar".
El pasado duele. Hay marcas que se llevan en el cuerpo y nunca se irán. Pero también hay de las otras, las del alma, que no se ven. "No fue sencilla la vida para nosotros. Sufrimos mucho. Pero como en un sueño, uno pierde la memoria". Modesta toma mate sentada en una cama del pabellón nueve para pacientes crónicos y habla, de manera lenta, como si hiciese un esfuerzo al pronunciar cada palabra.
El Hospital Nacional Baldomero Sommer, ubicado en General Rodríguez, a 25 kilómetros de Luján, no es como cualquier otro. A simple vista parece un pueblo chico- con sus casas bajas, sus quioscos, la Iglesia, el cementerio- y así sería de no ser por el movimiento constante de los médicos y las secuelas que dejó la lepra. Construido en 1941 como sanatorio- colonia, en realidad tenía otra misión: aislar a los enfermos de la sociedad. Hoy, es el último de su tipo en la Argentina, aunque desde 1993 también se tratan otras patologías.
En sus inicios se dividía en dos zonas: la A de "sanos" y la B de "enfermos", y llegaban pacientes por su propia voluntad o a la fuerza. Es que la ley Aberastury, sancionada en 1926, derogada y reemplazada en 1983, era tajante: disponía el aislamiento hospitalario obligatorio y la prohibición del matrimonio civil entre los enfermos. Si el paciente se resistía, intervenía la fuerza pública. Hasta ese entonces los sectores de los empleados administrativos estaban separados por alambres y candados del sitio en que vivían los enfermos.
La enfermedad es causada por el microbio Mycrobacterium leprae, es curable y afecta principalmente la piel y los nervios periféricos
Modesta tiene 85 años y llegó por primera vez al Sommer en 1954, proveniente de Paraguay. No fue fácil. Era muy joven, estaba lejos de su familia y tardó mucho en volver a verlos. En los primeros años no se le permitió salir. Un alambre perimetral y guardias aseguraban que así fuera. Se pensaba que el mal de Hansen- se lo llama también de esa forma por el nombre de quien descubrió el bacilo que produce la enfermedad- era extremadamente contagioso.
Se comprobó mucho tiempo después, sin embargo, que las posibilidades de contraer la enfermedad son pocas, que es curable y afecta principalmente la piel y los nervios periféricos. Se trasmite, de hecho, sólo entre un enfermo no tratado con posibilidad de transmitir y una persona susceptible de contraerla, por contacto directo y prolongado, entre ellos, de tres a cinco años. Según la estadística del Ministerio de Salud, el 80% de la población posee defensas naturales contra la lepra y sólo la mitad de los enfermos no tratados son contagiantes.
Los papás de Nélida Fernández se conocieron y se casaron en el Sommer; ella hoy trabaja como empleada doméstica allí. Foto: Diego Spivacow / AFV
 
Sin posibilidad de salir afuera del hospital, salvando contadas excepciones, casi todos los pacientes, como Modesta, conocieron a sus parejas acá y se casaron en la iglesia del Hospital. Con su marido, quien falleció hace 14 años, tuvieron tres hijos. Cuando nacieron, según las normas de entonces, le impidieron todo contacto con ellos y fueron derivados a la colonia "Mi Esperanza", en el conurbano bonaerense, a cargo de un grupo de religiosas. Allí permanecieron hasta su adolescencia.
"En el verano los traían. Podíamos hablar a través del Parlatorio, pero no se nos permitía ningún tipo de contacto. Era como una cárcel, cuando alguien visita a un detenido. A los chicos les costó adaptarse a nosotros. Incluso nos recriminaron haberlos dejado en la colonia sin saber que, pese a nuestro deseo de tenerlos con nosotros, nunca tuvimos opción", dice con ojos vidriosos.
El cementerio del hospital. Foto: Diego Spivacow / AFV
En "Mi Esperanza" no era fácil el día a día y muchos no recibían el cuidado y la contención que necesitaban. Hubo incluso denuncias de chicos que se murieron ahogados. Nélida Fernández nació en el Sommer y se crió hasta los dos años en la colonia, cuando a sus padres le dieron el alta y pudieron buscarla. Tenía dos hermanas más grandes en el mismo lugar, quienes ignoraban su existencia. Las religiosas que estaban a cargo jamás permitieron la relación fraternal entre ellas, al omitir la información.
"No pude sentir el amor de mis padres. Me arrancaron de los brazos de mi mamá y aunque pasé el mayor tiempo posible con ellos, nunca pude disfrutar de una relación normal. Ellos sentían nuestro rechazo. No tuvieron la culpa, pero no lograron superarlo", dice. A los 12 años Nélida contrajo la enfermedad, fue tratada en el hospital y, pese a que le dieron el alta, trabaja allí como empleada doméstica.

LA ENFERMEDAD

La lepra no ha sido erradicada y en la Argentina hay entre 300 y 400 casos nuevos por año. El tratamiento es ambulatorio e incluye el uso de antibióticos, antiinflamatorios y el cuidado de las secuelas. La medicación es entregada en forma gratuita por el Programa Nacional de Lucha contra la lepra.
"Yo extrañaba a mi mamá. Quería irme allá de vuelta. Pero las personas que venían acá perdían todo, su familia, todo..."
"El enfermo tiene que eliminar el vacilo por vía respiratoria. Como es muy liviano persiste suspendido en el ambiente y entonces la otra persona se contagia. Se llama la primera infección. Se desarrolla una patología pulmonar y después el vacilo se insemina al resto del organismo", explica el médico clínico Franciso Gay, que trabaja en el hospital y destaca la importancia de un tratamiento precoz.
El promedio de edad en el Sommer supera los 70 años. Son hombres y mujeres que vivieron toda su vida en este lugar. Despojados de todo lo que tenían, tuvieron que adaptarse. Acá se conocen todos. De acuerdo a los registros hay 240 pacientes permanentes más su grupo familiar, aunque se calcula que al sumar los ambulantes son un total de 500. Están curados, pero les han quedado las marcas sufridas por la enfermedad. Siguen en esta comunidad, otrora obligatoriamente y ahora por su propia voluntad, ya que es el único refugio que les queda.

LAS CASAS

Todos los que padecieron la lepra sufrieron en algún momento el miedo a la discriminación. Eran marginados, perdían sus bienes cuando eran internados compulsivamente y en esa época no podían volver a trabajar. Ante eso muchos de ellos rehicieron sus vidas y se afincaron en las tierras del hospital que el estado les otorgó, y construyeron con esfuerzo sus viviendas, que si bien están exentas de todo impuesto, no son pasibles de comercialización. Las nuevas familias formaron barrios y desarrollaron un sentido de pertenencia y del arraigo.
Antonio Cárdenas, vivió toda su vida en el Sommer. Se casó, y tuvo una hija que hoy tiene 46 años. Foto: Diego Spivacow / AFV
 
-Otra vez venís a joder che. ¿Ahora qué querés?- dice Antonio Cárdenas, a modo de broma, mientras invita a LA NACION a pasar a su casa. Son las 14.45 y es raro encontrarlo despierto. La siesta acá es sagrada y reina el silencio absoluto.
Vive en Santa Madre de la Cruz, uno de los cuatro barrios distribuidos dentro de las 274 hectáreas que tiene el predio. Los otros tres son el Sommer, el San Martín, y el padre Ernau. En las fotos de la mesada, se lo ve de joven con una guitarra. -Toqué en varios lados- dice- Ahí nomás, como si le saliese de adentro, empieza a cantar. Su voz es suave.
" Tuve cuatro hijos. Una vez alguien me preguntó por qué los tenía si sabía que no podía criarlos. Le respondí que era lo único que sentía mío"
Antonio aprendió a hacerse sus propias púas. Por la enfermedad tiene los dedos retraídos en nudos difíciles y una de sus piernas mutilada. Para poder tocar la guitarra encastra en los muñones de la mano rollos de tela adhesiva.
Es viudo (se casó en el Sommer) y tiene una hija de 46 años. Lleva puesta una remera blanca que reza "If I were you, I'd make more of an effort now" [si yo fuese vos, haría más que un esfuerzo ahora]. Sabe de eso: a los golpes de la vida, él les responde con humor.
En un momento se le dificulta poder seguir con la canción. Se enoja, pero trata de no mostrarlo. - Voy a tener que irme de vuelta a Estados Unidos a comprar una púa- señala y empieza a reír. Nunca viajó al exterior.

EL HOSPITAL

Los pacientes del Sommer no pagan luz, agua ni gas y reciben en forma gratuita provisiones. Gracias a un reclamo elevado por la Asociación de Internos en 1946, a cambio de su trabajo en tareas administrativas, de limpieza o de ayuda en el sector de enfermería, reciben un sueldo.
"Se lo llama también laborterapia. Antes nadie quería venir a trabajar al hospital por miedo al contagio, entonces los propios pacientes se las arreglaron. Trabajan y se jubilan acá. El pago que reciben depende de la cantidad de horas de prestación que realicen", explica el doctor Carlos Benedetti, interventor del hospital, quien asumió el cargo hace cuatro meses y medio.
La lepra no ha sido erradicada y en la Argentina hay entre 300 y 400 casos nuevos por año. El tratamiento es ambulatorio e incluye el uso de antibióticos, antiinflamatorios y el cuidado de las secuelas
A lo largo de los años mucho cambió- agrega el director- La antigua cárcel es ahora el centro de jubilados y el Parlatorio un centro de recreación. "Los contagios se daban de manera natural en las zonas endémicas, sobre todo en el norte del país. El nivel de gravedad es por el momento en que se atiende la enfermedad", explica.
En la oficina hay un cuadro con una foto de Néstor y Cristina Kichner; Benedetti pertenece a la agrupación La Cámpora. Los pacientes se quejan de que no lo conocen. -¿Tuvieron contacto con usted, pregunta este medio -No, muy poco- se sincera.
Los pabellones están venidos a menos. Por lo bajo muchos médicos reconocen que faltan insumos. En el seis, donde era enfermería, no hay muchas veces ni siquiera agua. "Mirá como está todo. Viene peor cada año", se queja una enfermera.